La transformación digital ha multiplicado los riesgos legales a los que se enfrentan las organizaciones, especialmente en ámbitos donde el incumplimiento no siempre es evidente a simple vista. En este contexto, Cinco Días ha publicado la tribuna “La amenaza invisible del compliance digital”, escrita por Ricardo Fortún, en la que analiza cómo una digitalización mal gestionada puede convertirse en un foco silencioso de responsabilidad para las empresas.
El compliance digital como riesgo no siempre perceptible
En su artículo, Ricardo Fortún pone el foco en una realidad cada vez más habitual: muchos incumplimientos derivados del uso de tecnologías, sistemas automatizados o herramientas digitales no se manifiestan de forma inmediata. A diferencia de otros riesgos tradicionales, el impacto del compliance digital suele ser progresivo y difícil de detectar, lo que incrementa su potencial lesivo para la organización.
Esta “amenaza invisible” se materializa, entre otros aspectos, en la falta de control sobre procesos digitales, en decisiones automatizadas sin la supervisión adecuada o en el uso de tecnologías que no están plenamente alineadas con las exigencias normativas vigentes.
Integrar el compliance en la estrategia de digitalización
Otro de los mensajes centrales de la tribuna es que el cumplimiento normativo no puede abordarse como un elemento accesorio del proceso de digitalización. Tal y como expone el autor, la adopción de nuevas herramientas tecnológicas exige una evaluación previa de riesgos legales y una adaptación real de los sistemas de control interno a un entorno cada vez más automatizado.
La ausencia de esta visión estratégica puede derivar en incumplimientos en materias como protección de datos, gobierno corporativo, responsabilidad de administradores o deberes de diligencia, incluso sin una voluntad expresa de infringir la norma.
Anticipación y control frente a riesgos digitales
Ricardo Fortún subraya la importancia de anticiparse a los riesgos y de reforzar los mecanismos de supervisión. La identificación temprana de vulnerabilidades digitales, la revisión periódica de procesos y la implicación de los órganos de dirección resultan esenciales para evitar que la tecnología se convierta en un factor de exposición jurídica.
Desde esta perspectiva, el compliance digital deja de ser una cuestión puramente técnica para situarse en el centro de la toma de decisiones empresariales, requiriendo una coordinación efectiva entre las áreas legal, tecnológica y de negocio.
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