Héctor Pérez, Socio Director del Área Fiscal de Selier Abogados, publica una tribuna en Expansión donde reflexiona sobre la responsabilidad del asesor fiscal tras la sentencia del caso Nummaria.
La reciente sentencia del caso Nummaria, que impone más de 80 años de prisión a un asesor fiscal por delitos contra Hacienda, ha puesto sobre la mesa la importancia de definir con claridad los límites y responsabilidades del asesor fiscal. Más allá del sensacionalismo, es fundamental entender que el asesor debe evitar el fraude con ética y rigor, pero sin perder su independencia frente a la Administración Tributaria.
El asesor fiscal debe equilibrar dos roles: ayudar al cliente a cumplir con sus obligaciones y optimizar su fiscalidad dentro de la ley, pero también rechazar prácticas abusivas o ilícitas. El caso Nummaria ejemplifica un quiebre ético grave, al demostrar una estrategia sistemática de fraude que merece reproche penal.
Sin embargo, discrepar de la interpretación de la Agencia Tributaria no es fraude. El asesor tiene derecho y deber de defender criterios jurídicos razonables, pues el derecho tributario no es una ciencia exacta y requiere interpretación.
El compromiso profesional implica estudiar la normativa, alertar sobre riesgos, documentar las decisiones y negarse a participar en prácticas fraudulentas. Esta diligencia no garantiza éxito ante la Administración, pero sí exige honestidad y rigor técnico.
En definitiva, el asesor fiscal es clave para el Estado de Derecho, facilitando el cumplimiento voluntario y equilibrando el poder administrativo. Lejos de estigmatizar al colectivo por casos aislados, es necesario reconocer al buen profesional que protege los derechos del cliente dentro del marco legal.
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